En 2010, el fallecimiento del humanista Carlos Montemayor, aunado al de Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis, fue una puñalada para la comunidad intelectual del país, ‘‘que no tenía relevos de ese tamaño y de esa altura”, dijo el historiador Paco Ignacio Taibo II en la mesa de análisis alrededor del libro La violencia de Estado en México: antes y después de 1968.

Esa obra fue publicada hace ocho años, poco después del deceso de su autor, cuya ausencia no significó que dejara de estar presente, añadió Taibo II, ‘‘porque un escritor vive mientras se le siga leyendo. Me he quejado amargamente por la desaparición en librerías de algunos de los textos de Montemayor, me he peleado con editores a quienes les digo que Carlos es una de las figuras de una narrativa social con niveles de experimentación muy interesantes dentro de ella, y con una capacidad de comunicación tremenda con nuestra sociedad.

‘‘Carlos forma parte de esa presencia que crean los grandes escritores y los grandes combatientes por la redignificación urgente, necesaria y próxima de este país, de manera que venir a hablar de sus libros es siempre una obligación. Es una sensación de ausencia, pero una nostalgia que se vuelve presencia extremadamente sana y útil para el tipo de sociedad que vivimos.”

La mesa de análisis se efectuó la tarde del lunes en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, convocada por el Colectivo Memoria en Movimiento, 1967-1971, formado por quienes fueron brigadistas politécnicos en el 68. También presentaron el libro Díaz Ordaz y la masacre del 2 de octubre, de Montemayor, publicado por ese grupo.

Con la finalidad de conmemorar el medio siglo de las movilizaciones estudiantiles, los integrantes de esa agrupación realizan desde marzo diversas actividades ‘‘para preservar la verdad y la memoria, manteniendo la exigencia de justicia ante un gobierno sordo y cínico”, expresan en su manifiesto fundacional.

Escribir para la memoria

Luis Hernández Navarro, coordinador de Opinión de este diario, recordó que el autor de Guerra en el paraíso se definía como poeta. Montemayor, dijo, ‘‘hablaba de cómo la poesía guiaba y estaba en el centro de sus ensayos, pero en el centro de todo lo que escribía existía la necesidad de apropiarse de la realidad y explicársela en contra de una verdad que se habían construido como hoy se quiere fabricar la verdad de Ayotzinapa, o como a partir de 1997 se ha querido construir la verdad en torno a la masacre de Acteal”.

Montemayor se comprometió a descifrar esa porción de la historia, continuó Hernández Navarro, ‘‘y lo hizo escribiendo no para el futuro ni para el pasado, sino para los lectores de hoy, para los memoria de los hechos del país que todos recordamos hasta la fecha”.

El libro Díaz Ordaz… ‘‘tiene una estructura narrativa no tan sofisticada pero parecida a Guerra en el paraíso, donde Montemayor dice que la política se desgasta en la formulación de un sistema de referencia persuasivo, o de reconstrucción de la realidad, que justifique las actividades de represión, reorganización, competencia o justicia social que se propone un grupo en el poder en un momento dado.

‘‘La política, añade, es el empeño de imaginación permanente que sirve para engañar, encubrir, ocultar, justificar o callar lo que todo el pueblo gobernado sabe que está ocurriendo y nadie puede decir. Es la ficción que da origen a la versión oficial de la realidad.”

En ese trabajo ‘‘Montemayor nos da cuenta de la gestación de un movimiento estudiantil rebelde a partir de distintas luchas, nos explica cómo en el Estado mexicano desde el 2 de octubre se comienza a construir todo un modelo de contrainsurgencia y represión que tiene múltiples ramificaciones”, concluyó Hernández Navarro.

También participó el historiador Jesús Vargas; aplaudió la publicación del Colectivo Memoria en Movimiento de un texto que no se redita ‘‘porque pareciera que se prefiere seguir ignorando una realidad”.

En ese acto, la viuda de Montemayor agradeció a La Jornada ‘‘la generosidad que siempre tuvo con Carlos en los momentos difíciles’’.

Vía La Jornada