Había ganas de ver por fin a los Califato ¾ en directo. Y qué mejor manera de hacerlo que asistir a su esperado debut en la mítica sala Malandar de Sevilla. Hasta tres veces han colgado el cartel de sould out durante tres días consecutivos, agotando las entradas en un tiempo récord y generando una expectación de la que muy pocas bandas pueden presumir en sus inicios. Banda, colectivo, supergrupo o, simplemente, una juntera de artistas, músicos ya curtidos y veteranos en esto de la música underground andaluza que en su variedad de estilos comparten arraigo e inquietud por la tradición, la experimentación y la vanguardia.

Son muchos, muchísimos, los medios y publicaciones que desde la aparición de su primer álbum Puerta de la cânne, a finales de 2019, se han hecho eco de una de las propuestas musicales más valientes, originales y arriesgadas que ha parido el panorama nacional en los últimos años. Así que poco o nada queda por decir del derribo de fronteras que supone su mezcla de folclore y nuevas tendencias. El flamenco y la electrónica se dan la mano como nunca antes lo habían hecho para desembocar en una aleación cuya personalidad reside precisamente en la armonización de tan dispares ingredientes. Una reivindicación festiva de las raíces culturales de una región de historia inconmensurable. No digo más. Si aún no lo has escuchado, estás tardando.

Lo que aquí nos atañe es la puesta en escena, la prueba de fuego que supone el directo. La curiosidad de ver cómo se desarrolla la miscelánea sonora que tanto había dado que hablar a críticos y expertos en la materia. Y el resultado, he de decir, ha sido del todo satisfactorio. Con un público totalmente entregado desde el primer minuto, abarrotando la sala, y sobre el que ha calado en buena medida la energía que transmiten estos músicos, en un escenario cuyo centro neurálgico era presidido por una mesa con mantilla y botella de fino. Cierto es que jugaban en casa, y que buena parte de ese público eran amigos y familiares. Pero también es cierto que el duende contagió al aforo por completo y sin excepción, cuyas palmas resonaron una y otra vez entre el compás y los aplausos.

Sobre las tablas, caras conocidas. Los malagueños Sergio Ruiz (aka Serokah) de BSN Posse y Lorenzo Soria de Industrias94 en la retaguardia, a las máquinas. Por delante, Esteban Espada de LIE Radio al bajo lisérgico y Estefan Sánchez a la guitarra flamenca, bastándose él solo para silenciar a toda la sala con su interpretación al comienzo del segundo pase. Y como frontman y maestro de ceremonia respectivamente, el incombustible Francisco Morales (aka S Curro / SKLT SLKT), con guitarra eléctrica además de voz principal, y el capataz don Manuel Chaparro (aka The Gaderner), que entre tema y tema regaló guasa y cachondeo arrancando más de una sonrisa a los allí presentes. Ambos forman parte del sello discográfico Breaking Bass, colectivo sevillano que lleva más de una década luchando incansable mediante la producción de discos y la organización de eventos para colocar a la música electrónica de la escena andaluza en el lugar que le corresponde. Todos ellos, los seis, son los miembros oficiales de Califato ¾. Pero no estuvieron solos, ni fueron los únicos que pisaron el escenario esa noche. Cuatro mujeres como cuatro huracanes dejaron más que patente su arte y poderío. La delicadeza y sensibilidad de La Picorrita, las cuerdas rasgadas del violín de Araceli Morales o el torrente de voz de Rocío Guzmán fueron piezas fundamentales de un conjunto impensable sin esos aportes. Y luego está Rosana Pappalardo. Su voz, su baile, su compás y su alegría transmiten una fuerza singular que rezuma gracia y talento por los poros. Todas ellas también son Califato ¾, un grupo que huye de la ortodoxia y que roza el surrealismo. Y las canciones se van sucediendo, y lo que desconcertaba acaba encajando. No sabemos si serán entendidos en todas partes como fueron entendidos en su tierra; que se lo pierda quien quiera. Porque aquellos que sepan dejar a un lado los prejuicios podrán entregarse libremente y degustar un show en el que la psicodelia acaba bailando por sevillanas.

Califato ¾ mama directamente de obras tan transcendentales y rompedoras como lo fueron en su tiempo Veneno o de La leyenda del tiempo, reinventando el concepto y adaptándolo a nuestro siglo sin perder de vista el pasado. Sumándose al germen de grupos como DMBK o Pony Bravo, bandas que hacen que la escena andaluza, y más concretamente la hispalense, goce de una salud envidiable. El sonido 3.0 de Andalucía es desde ya hace tiempo una realidad. Y todo apunta a un futuro más que prometedor en el que la creatividad musical rebasará todas las cotas.

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Vía El Cultural

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