La solidaridad, honradez y bondad sobre todo de los jóvenes ante la catástrofe por el sismo del pasado septiembre muestra que todavía hay personas que creen en la comunidad y el país, sostiene Guillermo Fadanelli, a contrapelo de su posición pesimista y cercana al relativismo inteligente, a propósito de su ensayo Meditaciones desde el subsuelo, publicado por el sello Almadía.

Su entusiasmo, bondad y la honradez de sus actos nos muestra que quieren un país, un futuro, y esperan, acaso sin decirlo, una repercusión en las instituciones, que no vuelvan a unirse corrupción y accidente natural para destruir el país o la sociedad que quieren habitar, explica el narrador y ensayista en entrevista con La Jornada.

Para él, esa catástrofe es inmerecida y suma el accidente natural y la construcción deforme de una ciudad que ha sobrepasado sus propias dimensiones; ello, aunado a ineficacias políticas, corrupción de inmobiliarias. Sería loable que obtuviéramos algún beneficio después de ese evento natural. Toda catástrofe, si no nos aniquila nos da vida, nos torna más alertas.

Fadanelli se define pesimista, más cercano al relativismo inteligente o a la resignación fatalista que al optimismo inconsecuente y sin raíces y rechaza que existan los impulsos o mecanismos para que “una sociedad tan injusta como la mexicana pueda transformarse.

Este pesimismo individual tendría que servir o ser motivo o aliciente para que se piense en sentido contrario; es decir, gracias a los que no tienen esperanza nos es dada ésta, una frase de Walter Benjamin; gracias a los pesimistas es posible poner en marcha acciones de vitalidad, de rebeldía e incluso de optimismo. Sé marcar las fronteras entre mi pesimismo, desgano y abulia ante lo social, de lo que la sociedad que me contiene requiere para vivir mejor.

El autor de La otra cara de Rock Hudson apunta que cada persona elige si prefiere profundizar en sí mismo, en la introspección, en el cultivo de la fatalidad o de la enfermedad, o si desea luchar, transformarse en un rebelde social y modificar el estado de las cosas. Yo participo de ambos.

El político debe caminar al lado del ciudadano

Meditaciones desde el subsuelo, admite Fadanelli, contiene “una tendencia moral o ética en cuanto expone opiniones respecto del estado de su sociedad, del individuo contemporáneo y de la idea del bien y el mal en la globalización. Tiende a proponer la crítica, la rebeldía y, por tanto, la literatura como ejercicios de libertad.

Es el pensamiento de un escritor independiente que intenta desarrollar una introspección. No hay comunidad sin suma de individuos y no hay individuos si no hay crítica, si no hay rebeldía y un poner en duda toda autoridad. Ésta tiene que mostrar su legitimidad antes de ser adoptada como horizonte ético.

Así, requerimos hombres menos retóricos, más eficaces en la acción política, menos interesados en sí mismos, en su publicidad y en sus palabras y más preocupados por sus acciones: el ejercicio de la honradez, ascetismo y sencillez. El político tendría que caminar al lado del ciudadano, en la calle, en el sufrimiento común y en todos los aspectos.

En contraparte, es importante que “el individuo piense por sí mismo, cultive la crítica, estimule su pasión por la rebeldía y la libertad; es entonces cuando podrá sumarse a un esfuerzo comunal. Una comunidad sin individuos, es decir, formada por consumidores, por personas acríticas no es comunidad. Tienen que aprender a pensar por sí mismos y la literatura es un gran vehículo para, vía el lenguaje, ejercer la crítica contra la maldad, pero también para estimular la imaginación. Sin ésta no hay posibilidad de futuro, ni en lo individual ni en lo comunal.

Mi libro intenta ser vehículo para la libertad, como posibilidad de hacer las preguntas adecuadas y proponer límites a nuestra acción y pensamiento que nos lleven a un bienestar individual y común.

Vía La Jornada

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