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http://danielleclode.com.au/pma/index.php Vehemencia es la palabra que me viene a la mente con la fuerza de la pasión cuando recuerdo a María Luisa Mendoza. La China, como la apodó su padre a causa de sus caireles, fue poseída por el fuego sagrado de su amor a la vida. Inteligente y lúcida hasta la punta de las uñas, nadie podía engañarla: adivinaba los pensamientos de los otros, desnudándolos con la mirada clarividente del auténtico escritor.

xenical orlistat 60mg Su sentido de lo irrisorio, su ironía, libre de mezquindad, le permitía reír y arrancar la risa ajena en todo momento. No se puede leer su obra sin sonreír y, a veces, sin estallar en una carcajada que se burla de la muerte.

Escritura barroca en el sentido primigenio de esta palabra, el que califica a una perla auténtica, a la vez pura y rugosa. Hecha de fugas y contrapuntos, arqueada por su misma tensión, espiral de flechas que ascienden en volutas hacia la infinitud azul de la bóveda celeste. Lejos del abigarramiento simple, el laberinto de su escritura es el del enigma cuya revelación abre un nuevo enigma.

Vía La Jornada

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